Los Meursault Charmes Premier Cru de Domaine des Comtes Lafon conquistan El Portal

La historia de la bodega Comtes Lafon  (Domaine des Comtes Lafon) comenzó en el sureste de Francia en 1864, junto al nacimiento de Jules Lafon, un productor mítico de Borgoña que es el fundador de la fiesta de la vendimia en Meursault y posiblemente uno de los grandes productores de vinos blancos de mundo, según cuenta Andrés Conde, sumiller del restaurante Bodega Cigaleña de Santander y gran conocedor de los vinos, quien junto a David Rabasa, sumiller del restaurante Ricard Camarena de Valencia y Mejor Sumiller de la Comunidad Valenciana en 2013, condujeron una cata  de Meursault Charmes Premier Cru del Domaine des Comtes Lafon en El Portal.

Tras la muerte de Jules Lafon en 1940, sus hijos Pierre y Henri, no estaban muy interesados en continuar con su hacerse cargo de la bodega. Fue René Lafon, hijo de Pierre, quien decidió oponerse a su venta y consiguió ponerla de nuevo en marcha en 1956. Actualmente, el Domaine des Comtes Lafon está dirigido por Dominique Lafon, hijo de René Lafon, quien en el año 1998 apostó por realizar una viticultura biodinámica en la elaboración de sus vinos blancos. Hasta esa fecha los vinos se elaboraban según el método tradicional de crianzas largas con bastante tiempo en madera y dosis altas de sulfuroso apoyado en una agricultura convencional. “Pero a partir de entonces hicieron una mayor selección en viñedo y bajaron sus rendimientos, algo que con el tiempo se ve reflejado en los vinos. Los primeros años fueron difíciles, pero desde 2002 comienzan a verse los resultados de ese cambio y el vino evoluciona de manera positiva”, resalta Andrés. Además, muchos catadores prefieren el vino lo más natural posible y la presencia de un exceso de sulfuroso les resulta diferente, añade David Rabasa.

La cata celebrada en El Portal fue una vertical de blancos Meursault Charmes Premier Cru del Domaine des Comtes Lafon desde las añadas 2000 hasta 2010, elaborados exclusivamente con la variedad Chardonnnay. Como destaca David Rabasa,  “es la primera cata vertical que se hace de ese mismo pago con 11 añadas diferentes”. Pero el tema principal de la misma consistió en una intercalación de añadas frías y calientes de este pago, por lo que no se degustaron en orden creciente de añada. Tuvo la particularidad de agrupar los vinos por su similitud para que ninguno quedase por debajo de otro. “Nos hemos basado en la añada que puede ser más cálida o más fresca, pero también en función de que el vino tuviese más o menos grasa, volumen, alcohol, volatilidad y expresión aromática”, explica David. Además, “se ha intentado no hacer una cata vertical pura, sino demostrar la valía de cada añada”, concluye Andrés Conde.

Y como apunta David, “se ha elegido una diversidad totalmente diferente, con diversos perfiles, gustos, aromas y sabores. Sobre todo para que se viera el recorrido que puede tener una bodega con lo difícil que es elaborar una añada solamente en función de una decisión, la vendimia.  A partir de ahí se elabora y ya no se puede hacer marcha atrás”.

“La añada que más me ha gustado ha sido la de 2004 por su evolución hacia notas aromáticas no tan características de un Meursault, ni de un Borgoña, como notas especiadas y picantes.  Lo normal en este vino son las líneas de avellana, nuez, frutos secos y solo un poco a especies, sin destacar demasiado. Además, destacaría las añadas 2006 y 2009 que aun siendo de calor, tienen un frescor impresionante.  En conjunto estoy satisfecho por la evolución de las diferentes añadas y de comprobar que los vinos están elaborados por personas que como el resto, en ocasiones se equivocan y obtienen más éxito en unas añadas que en otras. Sin embargo, lo más destacable es el esfuerzo que demuestran en añadas difíciles para dar lo mejor de sí mismos. Al final es lo que se debe valorar”, confiesa el sumiller de la Bodega Cigaleña.

Antes de la cata se eligió el champagne EglyOuriet Brut Tradition, de un productor de la zona de Ambonnay, como preludio de una gran noche. El porcentaje de la cuveé de este vino es mayoritariamente uva tinta Pinot Noir. “Lo hemos elegido porque es un productor que gusta a todas las Maisons y ha servido como pequeña introducción para pasar después a los blancos”, apunta Andrés Conde.

El Domaine des Comtes Lafon también cuenta con parcelas sobre las denominaciones  Clos des Chênes, Clos de la Barre, Meursault La Goutte d’Or, Meursault les Perrières, Meursault Charmes o Montrachet, está última es una pequeña parcela que está considerada como el mejor pago de Chardonnay, según Conde. Actualmente, la bodega está  reconocida internacionalmente gracias a su estilo único tanto de sus vinos blancos, elaborados con Chardonnay, como sus tintos en base a Pinot Noir. “Las dos variedades son totalmente antagónicas. La Pinot Noir tiene un perfil vertical, poco ácido y de vinos ligeros, mientras que la Chardonnay es su antítesis con acidez, pero con vinos siempre más grasos”, matiza David.

Esta cata fue el fruto de la experiencia y los conocimientos de David Rabasa y Andrés Conde  porque como reseña este último, “nunca preparamos las catas. Dependiendo de la gente improvisamos más o menos, pero de lo que estoy seguro es de qué cuando uno prepara una cata es algo artificial. Me gusta presentar los vinos según el clima, el dónde y el cómo uno se encuentre, ya que pueden variar. Creo más en los momentos y en la experiencia gustativa, que en aquella que alguien te puede contar de cómo ha sido una añada porque el vino evoluciona como las personas.”

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