Daniel del Rio, viticultor de la bodega Numanthia: “El clima forja las vides, los vinos y a las gentes”

Daniel del Rio Martín (Valladolid, 1973) es responsable de viticultura en la bodega Numanthia de Toro, ubicada en el zamorano pueblo de Valdefinjas y que fue creada en 1998. Estudió Ingeniería Agrónoma en la Universidad de Valladolid y durante su carrera se aficionó a la viticultura por lo que acabó cursando un Máster en Enología por la Universidad Europea Miguel de Cervantes. En 2008, cuando la bodega pasó de ser propiedad de la familia Eguren a pertenecer al grupo Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), se incorporó a ella. El nombre Numanthia proviene de las antiguas ciudades de Numancia y Termes, conocidas por su resistencia contra la invasión romana hace 2.000 años, y refleja el espíritu de la supervivencia de los viñedos ante las extremas condiciones del clima local y los ataques de la filoxera, una plaga que arrasó el viñedo europeo a finales del siglo XIX.

Pregunta: ¿Por qué la filoxera no pudo con los viñedos de Toro?

Los terrenos de Toro con más de un 60 por ciento de arena y elevada acidez impiden que la filoxera prospere. Sin embargo, esta plaga supuso un filtro en la evolución genética de las cepas de los Tempranillos que surgieron hace unos mil años y evolucionaron para adaptarse a las distintas zonas. En Toro, se adaptó en la línea de la Tinta de Toro. Y aunque la filoxera arrasó con todas las cepas, la gente salvó las mejores, dejando perder las que daban menos uvas o no florecían bien todos los años. Entonces la variedad genética se perdió y, actualmente, todos los Tempranillos plantados provienen de dos clones.

P: Pero las situación en Toro es diferente.

La Tinta de Toro proviene de una línea genética sin filtrar, por lo que su adaptación genética sigue intacta. Entonces, uno de los factores principales que tenemos para trabajar con nuestras uvas para hacer Numanthia y elaborar cada terroir como debe ser, es el material genético. La bodega tiene descritos hasta cinco materiales genéticos distintos.

P: ¿Cómo influye esto en el perfil de los vinos de Numanthia?

La idea era transformar la Tinta de Toro para dar un nuevo tipo de vino. Todo el trabajo que hacemos en viticultura sobre selección de viñedos viejos, incluso aquellos que soportaron a la filoxera con más de cien años, va en ese sentido. Pero para entender esto hay que conocer un poco Toro.

P: ¿En qué destaca esta región?

Tenemos un clima extremo con suelos muy pobres y pequeños pueblos silenciosos, de carácter castellano. El clima forja las vides, los vinos y a las gentes. Es gente austera, pero muy amable y hospitalaria. Y las uvas se han hecho resistentes, adaptándose a terrenos arenosos y pedregosos. Esa resistencia y nobleza se traspasa al vino con lo que obtenemos vinos potentes, expresivos y largos que permiten descubrir muchos matices, desde las viñas viejas hasta ese silencio de los pueblos de Castilla.

P: Elaboran tres referencias: Numanthia, Termes y Termanthia, ¿cómo caracterizaría cada una de ellas?

Nuestro vino principal, Numanthia, es la potencia de la Tinta de Toro y sus cepas viejas, con estructura y complejidad. A partir de éste apareció Termes, su hermano pequeño que es más ligero y menos complejo, aunque más intenso.  Es vibrante en boca y le hace a uno salivar. Es fruta fresca y no traiciona a la Tinta de Toro. Y, el hermano mayor es Termanthia. Sus uvas provienen de un recóndito viñedo en el límite sur de la Denominación de Origen que daba unas características distintas y especiales, por lo que tiene carácter propio.

P: Este vino también destaca en cuanto a su elaboración.

Efectivamente, hemos vinificado ese viñedo de manera distinta, despalillando a mano y pisando a pie, como hacían nuestros abuelos, que es la manera más suave de manejar las uvas. Tras la fermentación alcohólica, el vino se deja en maceración para que se fije el color y después se pasa a barricas para arrancar la maloláctica.Finalmente se pasa a otra barrica nueva que ayuda a ensamblarlo y a convertirlo en un todo muy elegante. Porque al igual que Numanthia es potencia, Termanthia es elegancia.

P: ¿Cómo la definiría?

Un vino elegante tiene una gran complejidad de aromas, que salen paulatinamente a lo largo del tiempo que dura una cena. Desde chocolates hasta especias, pasando por florales y frutales. Y después, en boca debe ser sedoso y aterciopelado, que entra como haciendo una ola y llena toda la boca, se expresa, pasa y deja un postgusto muy largo e intenso. Es un vino para beber despacio, disfrutando de él, con tiempo.

P: Para conseguirlo, ya tienen el terreno y las cepas. Pero ¿se trabajan los viñedos de alguna manera concreta?

Por suerte en Toro existe la biodiversidad. Los viñedos tienen una superficie media de entre 0,6 a 0,7 hectáreas, lo que se traduce entre 600 a 800 cepas por parcela, rodeadas de monte. Es habitual ver ratones e incluso culebras hibernando dentro de alguna cepa. Además, contamos con la arena del suelo, con el calor, con que no llueve y con la propia resistencia de la uva que tiene un hollejo muy duro para resistir la sequedad. Entonces, gracias a todo ello hacemos cultivo ecológico. Este fue un objetivo que nos exigimos desde el principio y por el que solamente empleamos azufre para cualquier tratamiento.

P.: En su filosofía del trabajo apuestan por la tradición.

El vino es un proceso natural. Ser ingeniero sirve para entender el proceso, repetir el experimento y conocer por qué a los antiguos viticultores les salía tan bien el vino.  Se puede hacer el vino académicamente, inoculando levaduras, aportando nutrientes, controlando la temperatura y la densidad, pero mi abuelo no hacía nada de eso. Entonces, es mejor aprender del señor que lleva 60 años cultivando ese viñedo y ver cómo lo hace porque si obtiene uvas para Numanthia es porque le funciona. Hay que dar la vuelta a la tortilla y observar a las tradiciones y a la gente del pueblo, y luego entender por qué lo hacen así. No se trata de imponerse por el hecho de ser enólogo.

P: Si no fuera enólogo, ¿a qué se dedicaría?

Cuando era joven me gustaba el tema del medio ambiente, pero ahora mismo en la bodega estamos trabajándolo. Es una gozada porque con el manejo orgánico de los viñedos estamos trabajando con el medio ambiente. Desde que me dedico a esto nunca me he planteado cambiar y hacer otra cosa.

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