Sara Pérez, enológa: “En el mundo del vino, como en la vida, cada uno tiene que buscar su camino”

Sara Pérez (Ginebra, Suiza, 1972) estudió Biología, Filosofía y Enología. Simultanea dos proyectos, la bodega familiar Mas Martinet (DO Priorat) y, junto con su pareja René Barbier, la bodega Venus La Universal (DO Monsant) donde elabora tres referencias Venus, Dido y Dido Blanco. En sus vinos busca la elegancia, la complejidad y la finura. Esta búsqueda ha sido reconocida con el premio a la mejor enóloga por la Asociación Catalana de Sumilleres, además del galardón de la Cámara de Empresarios Hispano-Austriaca por la recuperación del vino como alimento.  

Pregunta (P): ¿Qué significan para usted estos premios?

Sara Pérez (S.P.): Recibir ese reconocimiento en mi tierra, me hizo emocionarme. Estaba acostumbrada a recibirlos de fuera y parecía que en casa era invisible. Obtener estos premios nos sirve para tratar de superarnos cada año y para fomentar nuestra propia autocrítica.

P: ¿Por qué apostó por hacer sus vinos en la DO Monsant?

S.P.: Empezamos a trabajar con el vino Venus en el año 1999,  en  respuesta a los vinos muy piedra y potentes que se elaboraban en Priorat. Me di cuenta de que me gustaban los vinos finos, que me contaran historias más pausadas, y me cole a la zona de al lado. Así empecé a trabajar con Cariñena y Sirah en suelos arcillo-calcáreos muy profundos y húmedos que ofrece maduraciones lentas y mayor complejidad.

P: ¿Cómo nació el nombre Venus para uno de sus vinos?

S.P.: Me gusta mucho la mitología y la simbología. En Priorat, normalmente los vinos llevan el nombre de la finca de donde proceden. Pero en la DO Montsant buscaba belleza y elegancia. Entonces, estando en Florencia, visité la galería de los Uffizi y al ver el Nacimiento de Venus de Botticelli, lo tuve claro.

P: Y después de Venus, llegó Dido.

Tras probar en Francia unos vinos de garnachas en suelos graníticos impresionantes y yo tener la posibilidad de hacer lo mismo en Montsant,  surgió una historia sobre juventud y pensé en Eneas por ser el nombre del hijo de Venus. Pero tuvimos problemas con el nombre y como Dido, la reina de Cartago, estaba enamorada de Eneas, solucioné el asunto. Para mí, Dido es un viñedo joven sobre suelos graníticos, arenosos, donde el tanino es muy desvenusado y siempre está buscando la exaltación de la juventud.

Sara Pérez, junto a Carlos Bosch, durante un instante de la explicación que ofreció en El Portal.

Sara Pérez, junto a Carlos Bosch, durante un instante de la explicación que ofreció en El Portal.

P: ¿Cómo elaboran sus vinos?

Mientras que Dido, está trabajado con tinas de cemento, Venus se hace en fudres grandes de madera.  Para el blanco, empleamos un ánfora de arcilla de 3.000 litros, aunque hay una parte criado en madera, para que luego todo envejezca en toneles alemanes de 50 años de color negro que le dan una tensión especial al vino. Todos estos vinos, necesitan aire, pero el blanco por su madurez y tipo de fruta, necesita tiempo para abrirse y relajarse.

P: ¿Cuál de sus elaboraciones del Priorat destacaría?

Priorat es como un pequeño circo de colinas, con piedra negra y hace bochorno de día y de noche. La finca del Martinet Bru está en una ladera y le toca toda la Garbinada que viene de la zona de Montsant. Entonces, en boca es la piedra, el mineral y la pizarra, pero la sangre y la fuerza del tanino es distinta a la del resto de Priorat. Este vino es como una puerta para entender la intensidad del resto de vinos que hacemos allí.

P: Su padre Josep Lluís Pérez y el padre de René revolucionaron Priorat. ¿Qué cambios aporta la nueva generación?

S.P.: La generación de mis padres estaba en el sur donde siempre se ha tenido la losa de que solo se pueden hacer vinos alcohólicos y no rústicos. Ellos demostraron que se podía hacer otra clase de vinos tintos. Mi generación lo está demostrando también, en los blancos. Y haremos mucho más porque todo está en el cambio de miradas y en el intercambio de conocimientos, que nos permitirán crear un mundo mejor.

El cambio de miradas y  el intercambio de conocimientos nos permitirán crear un mundo mejor.

P: Además de cursar biología y enología, ¿qué la motivó a estudiar filosofía?

S.P.: En la Universidad, me di cuenta de que la gente no buscaba la verdad, sino que la adecuaba a sus intereses. Sentí la necesidad de plantearme las cosas desde un inicio para buscar el por qué. Entonces, Quise  atacar mi vida desde diversos puntos de vista. Gracias a ello, aprendí que tanto en el mundo del vino, como en la vida en general, cada uno tiene que buscar su camino.

P: Y cuál es el suyo.

S.P.: Para mí, el vino es la relación con mi tierra, con lo que como, lo que cultivo y mis relaciones con la naturaleza. Llegar a esa visión del mundo, me ha ayudado en la búsqueda de la belleza eterna, del hombre y de la felicidad, que al final he encontrado en el sitio donde vivo y trabajo. De ese modo, establezco un respeto para mis iguales que son, tanto las piedras donde están plantadas mis cepas, como los animales con los que convivo.

P: ¿Qué es para Sara Pérez la elegancia en un vino?

S.P.: Me gusta notar que el vino que se va abriendo como una cremallera. No me interesan para nada los vinos muy potentes al principio y que luego no dicen nada. Entonces, la elegancia implica que se mantenga una cierta tensión que hace cambiar al vino, siempre con un tanino muy acorde. Son aspectos que aportan complejidad en el tiempo para que se vaya desarrollando poco a poco.

Me gusta notar que el vino que se va abriendo como una cremallera.

P: ¿La consigue en sus vinos?

S.P.: Hay años que más, otros que son más complicados, pero siempre la busco. Por eso trabajo la uva como lo hago y vendimio en el momento que me parece adecuado, porque sé que ahí puedo encontrar una elegancia. Si vendimiase más tarde o machacase mucho la uva, obtendría un vino obvio. En mis vinos, busco una complejidad, una finura y una tensión adecuadas para que inviten a bailar con ellos.

P: ¿Cómo le gusta disfrutar del vino?

S.P.: Lo interesante es abrir una botella con tiempo y disfrutarla. En casa, cuando nos juntamos la familia, aunque cada uno tiene un gusto, abrimos una botella y tratamos de averiguar su procedencia o la añada. Podemos estar una hora hablando de mil visiones del mundo con solo una botella. El tema no es acertar, sino ver como se ha trabajado el vino. Por eso, me gustan los vinos fieles al territorio y a la añada.

P: ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

S.P.: Más que empezar nuevos proyectos, quiero profundizar en lo que estoy haciendo, pero de manera que tenga tiempo para los míos. Creo que el futuro está en las próximas generaciones y en cultivar su pensamiento crítico. Valorar toda esta cultura que llevamos siglos trabajando y que, en algún momento, dejamos de valorar por las prisas, por la inmediatez y por ciertas historias que nos han hecho perder diversidad.

(11 Posts)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *